A esas horas de la madrugada, cuando los fantasmas nos envuelven con su halo de misterio, la feria permanecía dormida, con sus gigantes mecánicos abandonados, los tentáculos inmóviles, con restos de grasa, apenas apoyados en el suelo, mientras las barandillas y los escalones, webcams videos sms,
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mujeres desnudas webcam, algunos caídos por el ventarrón de la medianoche, se mostraban grotescos, despintados, con la pintura levantada en varios puntos, hábilmente disimulada por el camuflaje de las luces de colores de los juegos.
Serpentinas de colores, y montoncitos de confeti cubrían casi toda la superficie.
Algún trasnochado jugaba un solitario en un pequeño escondrijo, una pareja se hacía el amor en silencio, como si no quisieran turbar la quietud de ese mágico instante, y los más, dormían en espera del siguiente día, con sus luchas, sus sueños. Mientras, André se despojaba de su vestuario, ceremoniosamente, como si hacerlo deprisa, rompiese el hechizo de sus múltiples actuaciones.
Su vida, desde siempre, reflejaba una sucesión de fragmentos de todos los colores: Conoció el amor, en una pequeña artista, webcams videos sms,
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mujeres desnudas webcam, con el rostro de una mujer ya vivida, debió sumarse a la nostalgia cuando ella abandonó las atracciones para dedicarse a su propio restaurante en un viejo barrio parisino.
Casi todos sus familiares habían muerto, y el único sobreviviente, vivía cerca de un laboratorio clínico en las afueras de la Ciudad, muy próximo a la salida de Ruén.